jueves, 6 de marzo de 2008
SIDRERÍA EL MANZANU- (Gijón)
Tapear a lo grande


Luis Antonio Alías
EL MANZANU
Garcilaso de la Vega, 39. Gijón.
Teléfono: 985 360 475.
Propietarios y encargados de sala: Bruno Hernández Peribáñez y Susana de la Fuente Pinteado.
Cocinera: Carmen Domínguez Benito.
Ayudanta: Camila Afonso.
Año de apertura: 1997.
Precio medio carta: 12 euros.
Etiqueta de sidra: Viuda de Angelón.
Tarjetas: No.
Aparcamiento próximo: Zarracina.

Vetusto, profundo, con buenas tablas pintadas de motivos sidreros y una barra tras la que pintan filas y colores botellas de destilados, el Manzanu viste aires pretéritos de culín, pinta y paisanos en palique sin por eso dejar de entrever claros aires actuales. Comenzando por la juventud de los dueños y de la cocinera. Y por la de muchos clientes, aunque del estudiante al jubilado gustan del rincón todas las franjas de edades. Y especialmente de la cocina.
No estamos en un restaurante. Falta el plato del día y la carta prolija. Pero resulta posible y económico disponer de un almuerzo o una cena compuesta de platos bien planteados y mejor ejecutados. Por ejemplo una ensalada de la casa que agrega a la lechuga quesos mozzarella y manchego, pasas, aceite de oliva, vinagre balsámico y una agradable reducción salsera de arándanos. O las crujientes, cremosas y gustosas croquetas de cabrales, La Peral, picadillo y jamón. Los chipirones afogaos saben a receta materna, con la textura en punto, las patatas tiernas y el aromático moje justamente adobado de brandy. El jabalí muestra terneza y sabor rotundo y limpio. Los frixuelos aparecen gratinados y bajo la tierna costra esconden setas, jamón y pasas. Hay revueltos de chipirones y de oricios, cazuela de pulpo, pastel de puerros, lengua guisada, conejo en salsa de tomillo, escalopines al oporto, tarta de queso y de chocolate caseras y bastantes otras apetitosas recomendaciones.

Al final tres o cuatro amigos, o los que sean, podrán compartir las amplias raciones y quedar satisfechos por diez o doce euros, mientras Bruno y Susana les escancian y sirven.

Bruno nació aquí cerca, en el barrio gijonés de Los Campos, y sin referencias hosteleras cercanas, hijo de una maestra y de un capitán de la marina mercante, gustó de la cocina pronto. Llegado el momento de las decisiones profesionales, estudió en la Escuela de Hostelería de Oviedo.

«Mientras estudiaba comencé a trabajar en restaurantes y en una residencia de ancianos, siempre cocinando, hasta que un amigo me propuso esta sidrería. Cambié entonces los fogones por la barra. Me siento orgulloso de que en los once años transcurridos creáramos una rica cantera de profesionales, gente que dio aquí sus primeros pasos y luego montó negocios propios: Mercedes, Clara, Vanesa... También Susana, con la que terminé casándome y con la que acabo de tener a Alex, nuestro primer hijo» -me cuenta Bruno.
Carmen, la jefa de cocina, simpática y modesta, reconoce que aprendió al lado de Belén, la predecesora, y también porque once hermanos resultan formativos e inspiradores.
«Guiso para muchos. Aún así trato de hacerlo con la misma atención, dedicación y cariño que se pone en un persona única y conocida» -afirma.

Y dice la verdad.